Me voy
arturo — Sáb, 01/28/2012 - 21:40
Este blog no me está dejando escribir. Me voy a otro lado, puede que vuelva a escribir aquí más adelante, de vez en cuando. El nuevo sitio: El Rey Arturo
Tara
arturo — Lun, 01/16/2012 - 15:52
Tara es pequeñita. Cabe en sitios recónditos y resulta muy difícil encontrarla.
Tara es cariñosa. Se consiente con la gente, con la perra y con las sillas.
Tara tiene hambre. Come como un sabañón. Se come la comida de la perra, la de ella y la de los humanos en un descuido.
Tara se llamaba Miel. Fue necesario cambiarle el nombre porque un gato tan dulce, si se llama Miel, no solo es redundante, es empalagoso.
Tara no se pudo llamar Cocó. Demasiados estereotipos juntos. Aunque el blanco con negro la hacen ver muy elegante.
Tara tiene una herida. Cuando era más pequeñita el echaron ácido en una patita y casi se muere. Mucha gente aportó para que se salvara.
Tara no maulla, sopla. Cuando le quemaron su patita trató de lamerse por el dolor y se le quemaron las cuerdas vocales... y las bucales también.
Tara ronronea.
Tara, a pesar de lo ocurrido, no tiene rencor. Ha logrado perdonar, parece no tener miedo.
Tara es igual a Eeka. La primera gata que tuve. Eso fue ya hace veinte años. Solo en lo físico, ya que Eeka era una hijueputa.
Tara me escogió. No la escogí por lástima, no hago nada por lástima. Ella me escogió a mí. Los gatos escogen a la gente.
Tara es una versión femenina de Buda. Buen nombre.
Tara es la nueva integrante de la familia. Siempre es bueno arruncharse con un gato. Hay que ver a RuPaul (la perra).
En resumen. Pudo superar el dolor más fuerte con la ayuda de los demás. Se está reconciliando con la vida, o cómo dice Javier, trata de hacer una nueva vida. Se está curando. Tendrá una gran cicatriz, pero sanará por completo. Eso espero.
Problema
arturo — Sáb, 12/10/2011 - 22:21
Problema: Quiero mantener este blog pero no sé sobe qué escribir. Lo más fácil sería seguir escribiendo sobre mi duelo pero no quiero. Me pone muy triste. Es claro, por lo que he leído en Wikipedia, que no lo he superado. Le pongo el collar a RuPaul, es todo un rito. Ella se echa al piso y se revuelca, yo trato de atraparla del cuello y someterla. Es claro que está excitada porque va a salir a la calle pero tampoco le agrada la idea de que la amarren. Así que combate con sonrisas y revuelcos perrunos el inevitable collar. Camino en dirección a la casa de mi director de tesis y debo pensar dónde dejar a la perra. Decido parar a comprarme un café en el Juan Valdés de la esquina porque tengo mucho sueño. Amarro la perra a la puerta de vidrio de la entrada porque asumo que ahí tampoco dejan entrar perros. Me atiende R., un amigo al que quiero mucho. Me regala el café, él es el jefe del lugar. Me dice que no lo dejan ponerse la argolla de “matrimonio” con el man con el que lleva varios años por políticas de aseo. Hice bien en dejar a la perra en la puerta. Lo invito a la casa para el jueves de la semana entrante. En la reunión, R. hace un comentario: “siento que en cualquier momento va a entrar por esa puerta y saludar muy a su estilo. Lo siento, no he elaborado el duelo, no soy muy bueno para eso”. Yo también siento lo mismo, yo tampoco he elaborado el duelo, yo tampoco soy bueno para eso. En el Juan Valdés intercambiamos teléfonos, le pido que no vaya a faltar, que no me vaya a dejar metido el jueves, que no sea mal amigo. En el camino hacia la casa de mi director me da una crisis nerviosa (creo que así se llama). Es esa sensación en donde me derrumbo internamente y la tristeza me ahoga y no deja respirar. No me gusta hablar del tema. A. me dice que debo hablar con alguien pero no quiero. Prefiero las caricias, la compañía. Paso por la casa de V. y le pido que me regale un tinto. La verdad no quiero más tinto, ya estoy mareado, quiero compañía, ver a alguien amado. Eso quiero. Dejo la perra donde V. ella me reconforta un poco. Llego tarde a la cita. El saxofón ha sido una buena ayuda, un buen psicólogo. Hoy toqué un bolero muy sentido después de un mes de ensayarlo y por fin salió bonito. Cuando terminé es como si hubiese llorado por horas sin una lágrima. Terminé rendido en el sofá. No fui capaz de mirar la foto. Pero dijimos que no íbamos a hablar del duelo y eso estoy haciendo. Quiero escribir sobre otra cosa en este blog. Tengo algunas ideas en mente. Por ejemplo, hacer una serie de gatos y contar mis mis anécdotas gatunas. Pero no estoy seguro, puede parecer infantil. También he querido escribir algunas crónicas sobre cosas que me han pasado, pero tampoco estoy seguro, mi vida no es tan interesante. Necesito ayuda de usted querido lector: ¿sobre qué cree que este humilde servidor puede escribir que sea lo suficientemente entretenido sin perder sinceridad?
Adenda: Cambié la apariencia del blog porque soy de aquellas personas que no se aguanta verse de la misma manera todo el tiempo. Cambio la letra, mi modo de vestir, mi pelo, mi barba. Aveces me aburro de mí mismo y la forma en la que me veo, me puede hacer creer por momentos que cambié de persona.
Misterios del Tiempo
arturo — Mié, 11/23/2011 - 16:15
Pedí un domicilio de wrap criollo en la pizzería de al lado. Le hice creer a mi mamá, que estaba muy preocupada por mi almuerzo, que me habían invitado a almorzar hoy. No es así. Por momentos quiero estar solo y disfrutar de mi soledad. Me gusta por ejemplo hacer mis ejercicios de saxofón de la escuela Yamaha Advantage. Ya me saben a cacho los subtítulos que dicen american folk song. Esas mal llamadas canciones son todas inmundas y me hacen sentir ridículo, no obstante, son ejercicios y así los asumo. A nadie le gustan los ejercicios, pero si no los hago nunca podré tocar boleros, ni tangos, ni rancheras ni salsa, ni ni mierda (como en matemáticas supongo). Son momentos de soledad que he aprendido a disfrutar. No tengo de otra. Íbamos en que pedí un wrap criollo. No sé por qué sigo pidiendo comida en ese sitio. No sabe a nada. Es insípida. Éste tenía champiñones, queso, carne desmechada, hogao y ¡no sabía a nada! Cuando pido comida ahí termino agregándole alguna vaina como crema agria a ver si le encuentro el sabor. La señora que trae el domicilio siempre tiene listas las vueltas, me entrega la bolsita que contiene la comida envuelta en papel aluminio, recibe la plata, me da las vueltas y sin mirarme pide con ansiedad el ascensor. Hoy no, hoy me miró, se quedó atónita. Yo estaba en mi piyama de vaca. “Este gomelo se da el lujo de estar en piyama al medio día, mientras yo me parto la espalda trabajando por unas propinas” Piensa la señora, o pienso yo que piensa ella. Luego pienso que no tiene mucho sentido tratar de adivinar qué piensa la gente de uno. Sí, estaba en piyama. Hoy muy temprano me bañé, me desperté, me afeité, me perfumé y me puse la piyama. A lo Hugh Hefner pero más tierno y menos gomelo. Hace rato no me afeitaba y ahora lo hago con una máquina eléctrica pero nunca queda igual. Siempre me cuesta trabajo una arruga que tengo en el cuello y termino irritado. Me pongo a estudiar, a repasar las cuentas. Ayer me demoré todo el día haciendo una integral en dos variables. No era tan sencilla como parecía a simple vista. La región de integración tenía dos componentes conexas y era necesario hacer dos transformaciones distintas para agrupar todo en una sola región y que el integrando quedara igual. Hacer cuentas es mi trabajo. Suena el timbre. A mí mamá la dejan entrar sin anunciarse. Eso puede llegar a ser peligroso si no hay una buena comunicación madre-hijo. Son los más cercanos, las familias, la mía y la de Sebas. Traen desayuno. Caldo de costilla, arepas, fruta y jugo de naranja. Me preguntan que cuántos cumplo. 34 digo con mucha propiedad. Mi madre dice que no, que son 33 y yo la miro con cara de pobre ancianita, no sabe cuántos años tiene su propio hijo. Luego me dice: 2011 es impar, 1978 es par, la resta no puede dar par. A lo que pienso “¡ay jueputa, va a tener razón la señora! Conozco esa demostración”. Se genera una discusión al respecto. Mi hermano dice que yo tengo razón porque coincide con la edad que le llevo. Otros dicen que yo tengo razón porque cómo es posible que yo no sepa mi edad. ¡Inaudito! Al 25% restante le vale huevo. Decidimos que la discusión debe ser zanjada con una calculadora. Y voilá, me callaron la jeta. Tengo 33 años recién cumplidos. No sé cómo puedo hacer semejantes integrales. Es un misterio sin resolver. Qué más da, el verdadero misterio es ¿cómo habiéndose refundido mi último año de vida, me apareció un año de más? Los misterios del tiempo. Afortunadamente no tengo que hacer cuentas al respecto.

